Tu calida voz abrió un día en mí un paisaje, que
el retorno marcará como ida hacia un horizonte menos lleno d tristeza y desilusión.
Tu voz me transportó a ese infinito espacio del cariño, y se me hace sentir tu
mano entrelazándose en mis dedos para cruzar la calle, para darte la compañía
que necesitamos, y extraer la euforia implícita en nuestras pieles. Mi piel es
la luna, tus labios son una vertiente satelital de tu alma.
¿Qué compás obviamos en nuestras vidas? ¿Qué acorde se nos olvidó tocar cuando nos vimos por última vez? Al parecer se hizo intolerable este cambio que raya con la estupidez, con la apatía, con la arrogancia ¿Pero como culparnos de errores tan pasajeros? ¿Qué imagen desdibujamos y volvimos a trazar de nuestra juventud, de nuestros recuerdos? Afortunadamente no es tarde para abrir los ojos y ver que una razón más grande que la intolerancia o el odio nos puede separar, quiero decir; que haría falta algo de fuerza mayor para desviarnos de nuestros propósitos.
Iba yo, con un aro en el labio, como un pez con un anzuelo clavado, ibas tu saltando de alegría, cantando o cantándome quizás, y me gustaba pensar que era así, que en cada abrazo me unía con tu alma y era tan difícil separarme, no sentir la necesidad de tu aroma, un perfume que me daba el aliento que muchas veces me faltó, la nota que no encontré, el ritmo que no capté la progresión que no pude percibir... Iba yo mirando a tu amor, y sabía de antemano lo ingenuo y caprichoso que es, iba sin embargo abriéndome a ti, sin esperar nada a cambio, y es tal vez es esa la razón de que no me hirió, lo que me llevó a pensar que éramos felices así, cada cual con su ilusión incumplida, pero no entre los dos, sino con almas distintas. Hoy que me detengo a pensar ocurrido de lo contrario, pienso que no era necesario, que no lo es, aún no es el tiempo. Y si es que las estrellas nos tiene reservado tal porvenir, por ahora nuestros designios son otros, otras fuentes del amor nos unen, igual de personales, casi igual de intimas, y desesperadamente hermosas.
Mientras tanto, al caminar de los días, yo prepararé mi voz, para que se una a tu voz, para sus armónicos hagan el amor en cuanto suene la música, para que el mundo se cautive, par anos enamoremos sin medida de este oficio, de esta pasión que nos consume por ahora. Mientras oigo a la noche, a la lluvia que le baña y mece mi sueño, arrulla mis ojos que no se cansan como la respiración misma de la música de verte, de oír el color de tus palabras, de sentir el fraseo como la respiración misma de la música, y de términos que escapan a este nublado lenguaje. Ya entrelazaré mis manos esta vez no en tus dedos, sino entre la cuerdas, coseré mi alma a tu voz para sentir un estrépito, y la suavidad de un beso, y besaremos con nuestras manos, ojos y cuerpo aquella melodía que flora en el aire, navegando entre acordes, miradas, palabras, deseos y hallaremos la orbita que nos pertenece ¿Quién será el satélite, quién el sol, quién la tierra? Qué importa eso ahora, ¿Qué importa el tiempo que perdimos por orgullo? ¿O las cosas que no hicimos por capricho?
A veces lo único que importa es compartir una caricia, y darla al mismo tiempo, secarse mutuamente los ojos, llenos de ríos, aclarar esas lagunas en el pecho, sacar esa tristeza que se guarda con los años, y apagar el sufrimiento del todo, ya que a tu lado, ya que en la soledad más brutal, se puede ser feliz"!.
¿Qué compás obviamos en nuestras vidas? ¿Qué acorde se nos olvidó tocar cuando nos vimos por última vez? Al parecer se hizo intolerable este cambio que raya con la estupidez, con la apatía, con la arrogancia ¿Pero como culparnos de errores tan pasajeros? ¿Qué imagen desdibujamos y volvimos a trazar de nuestra juventud, de nuestros recuerdos? Afortunadamente no es tarde para abrir los ojos y ver que una razón más grande que la intolerancia o el odio nos puede separar, quiero decir; que haría falta algo de fuerza mayor para desviarnos de nuestros propósitos.
Iba yo, con un aro en el labio, como un pez con un anzuelo clavado, ibas tu saltando de alegría, cantando o cantándome quizás, y me gustaba pensar que era así, que en cada abrazo me unía con tu alma y era tan difícil separarme, no sentir la necesidad de tu aroma, un perfume que me daba el aliento que muchas veces me faltó, la nota que no encontré, el ritmo que no capté la progresión que no pude percibir... Iba yo mirando a tu amor, y sabía de antemano lo ingenuo y caprichoso que es, iba sin embargo abriéndome a ti, sin esperar nada a cambio, y es tal vez es esa la razón de que no me hirió, lo que me llevó a pensar que éramos felices así, cada cual con su ilusión incumplida, pero no entre los dos, sino con almas distintas. Hoy que me detengo a pensar ocurrido de lo contrario, pienso que no era necesario, que no lo es, aún no es el tiempo. Y si es que las estrellas nos tiene reservado tal porvenir, por ahora nuestros designios son otros, otras fuentes del amor nos unen, igual de personales, casi igual de intimas, y desesperadamente hermosas.
Mientras tanto, al caminar de los días, yo prepararé mi voz, para que se una a tu voz, para sus armónicos hagan el amor en cuanto suene la música, para que el mundo se cautive, par anos enamoremos sin medida de este oficio, de esta pasión que nos consume por ahora. Mientras oigo a la noche, a la lluvia que le baña y mece mi sueño, arrulla mis ojos que no se cansan como la respiración misma de la música de verte, de oír el color de tus palabras, de sentir el fraseo como la respiración misma de la música, y de términos que escapan a este nublado lenguaje. Ya entrelazaré mis manos esta vez no en tus dedos, sino entre la cuerdas, coseré mi alma a tu voz para sentir un estrépito, y la suavidad de un beso, y besaremos con nuestras manos, ojos y cuerpo aquella melodía que flora en el aire, navegando entre acordes, miradas, palabras, deseos y hallaremos la orbita que nos pertenece ¿Quién será el satélite, quién el sol, quién la tierra? Qué importa eso ahora, ¿Qué importa el tiempo que perdimos por orgullo? ¿O las cosas que no hicimos por capricho?
A veces lo único que importa es compartir una caricia, y darla al mismo tiempo, secarse mutuamente los ojos, llenos de ríos, aclarar esas lagunas en el pecho, sacar esa tristeza que se guarda con los años, y apagar el sufrimiento del todo, ya que a tu lado, ya que en la soledad más brutal, se puede ser feliz"!.
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