Son las cuatro de la tarde de un día cualquiera. Dos amigos se citan en el parque central de la ciudad-pueblo, las palomas se arrullan y revolotean, los fotógrafos platican aguardando a sus clientes, porque conservan la magia que las cámaras digitales no captan, no conciben. Los cholados se hacen a petición del sol y los diferentes jarabes de dulce colorean el hielo que se transformó en escarcha al girar sobre el mismísimo filo. Las patojas venden todo tipo de golosinas y el poder fabuloso de comunicarse por medio de un aparato con otra persona que poseo otro de igual función, pero como todo, el tiempo tiene precio y así su servicio.
Faltan cuarenta y cinco minutos para que sean las cinco de la tarde (innecesaria información) de un día cualquiera en un Popayán cualquiera. Dos viejos amigos se abrazan en el punto de encuentro, se miran, se comparan, se igualan en sus diferencias y se distinguen en sus similitudes, y todo esto en medio de su senilidad que han mantenido a raya gracias a la lectura comentan, como abuelos con mentes de niños de 18 años:
- El viaje fue más difícil y el mundo está loco...
-Imagino que a travesar América dormido te debe matar la espalda ¿en verdad no abriste un ojo durante todo el trayecto?
-No boludo, cuando desperté me hallaba en el aeropuerto, y debo creer... no sé si son los años...
-¿No debes creer qué? Confiáme, sabes que por más onírico que sea, yo puedo percibir ciertas cosas que no son tangibles, eso si, trato de hallar la objetividad, comentáme.
-Me resulta increíble haber tenido la sensación de haber vivido en el sueño (lo que duró el viaje) seis horas como seis meses en Buenos Aires, incluso ya había dejado esto por escrito unos meses atrás de vivirlo y es como si escribiera un guión y lo estuviera actuando en este mismo instante...
-No entiendo ¿Querés decir que ya viviste esto?
-No solo una vez, sino tres veces; en una lo escribí antes de soñarlo, en otra lo soñé antes de vivirlo, por eso digo que ahora que es totalmente real lo actúo, si no es que las dos anteriores visiones no cuentan como reales.
-Me estas engañando, es totalmente absurdo y más sin prueba alguna... no hay forma de comprobarlo.
-Lo peor del caso es que muchas partes las recuerdo a medida que las vivo, no sé que va a pasar pero siento que cada palabra ya está ensayada, cada gesto etc. como si estuvieran presentando una obra en algún teatro y yo fuera un actor más. Y no siento que me esté volviendo loco, pero soy consiente de los desquiciado que debo parecer.
-Sino lo dijeras tan seriamente, me reiría y te aconsejaría que escribieras todo esto, seria al menos interesante.
-Pero ya lo escribí, te dije
-¿Y dónde está?
-En Buenos Aires, lo dejé en una mesa de ajedrez de un parque, por miedo...
-¿A qué?
- A que todo suceda tal como lo escribí.
-¿No es que no lo recuerdas?
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