martes, 19 de agosto de 2008

Acerca de un tercer mundo

¿Quién pudiera medir la majestad del cóndor?
sobrevolando con júbilo y presencia,
el largo brazo que une América
como el campesino del laborioso páramo.

Y más allá entre la selva,
se esconde aquel triste jaguar américano
pequeño dios como ares en la guerra,
por el indio esclavo apenas recordado.

Y en Bolivia las minas de hormigueros,
matan pobres de pulmones fatigados,
y en las selvas amazónicas los brazos,
Los colosos ahora reinan derrumbados.

Para dar paso a mano negra,
mano brava, músculo que siembra su hambre,
y cosecha más pobreza,
negro marginado, negro triste,
baila para olvidar las penas.

Porque en algún punto cardinal,
de la humilde patria Andina,
de la selva del Yucatán,
hasta la pampa Argentina.

Vibra el sonido del tambor,
la guitarra, el charango, la gaita...
y sobre vuela el condor con plácido candor,
sobre los senos dorados de la pacha mama.

Mientras el Titán vencido se levanta,

y es humillado por deudas de guerra y hambre,

muchos pocos se reparten sus riquezas,

que otros brazos han pagado con su sangre.


Y todo sucede en frente nuestro,

crimen, prstitución, y niños en las calles

como si fueran parte del orden y la tranquilidad,

para que la oligarquia nunca se desarme.


¿Quién pudiera medir la majestad del condor?

sobrevolando agónico y extinto,

el largo brazo que divide America

como el campesino que no es dueño de su tierra,

y es a nuestros ojos tan distinto.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es aquel grito reverberado e inentedible, maligno, el que percibo que tu sientes al escribir un poema acerca de nuestra américa querida. Y al que de manera sútil y muy acallada respondes, calculando tu energía, al glotón de nativos, constrcutor de máscaras y miseria.