y ahora me pregunto quién soñó a quién...
Cabilaba entre abrazarla y dejarla dormir, hacerle una canción o un cuento, pero me decidi a mirarla, a imaginar qué soñaba y tratar de de imprimir lo que veía en ella lo que yo veía en el papel, lo que la tinta queria escribir y lo que mi mano dictaba. Y así mi mente voló entre sugestiones. La dejé allí tendida arropada entre sus alas, como un ángel desconfiado, hermoso. Un ángel que te toma del pelo un día.
La dejé a su suerte, a la merced de la vida, y recordando las risas que mexclabamos hacia un rato, los errores, y un lapsus linguis rebuandantemente momentaneos. Y el frío, qué frío que hacia mientras la escuchaba, y a su vez sentía mi palpitar congelarse, ella me cuidaba, yo sé que siempre lo hace y no necesito decriselo; siempre en ella he buscado un refujio. Como un rayo de sol en invierno, un bello abril, un reflejo con los ojos cerrados al sol, un planeta fluorecente en medio de la nada. En medio de la pregunta intelectual de un niño, un porqué sin respuesta, un sueño ganado a la pesadilla.
Y cuando me fui, nunca salí de la habitación donde estábamos, a pesar que de mis pies salían rieles y adrenalinas, poemas de las riveras, del sonido del mar o del viento, consejos de amor y soledad, sabidurías ambiguas, todas sugestiones, todas un ramo de sentimientos, de encuentros, de desilusiones, poco a poco, la esperanza. Cuando me fui viajé kilometros a la deriva, con sabor a tristeza entre los ojos, pero inyectado de cariño. Por dentro la ingratitud de quien tiene el alma tan gastada como el cuerpo, tras en insomnio, y las horas de desvelo esperando un sueño que nunca llega, tras la mùsica que se apaga entre los dedos. Tras dar una mirada a las ventanas y ver un espejo, que relfeja hacia adentro y hacia afuera, que multiplica la visión retrospectiva de un mounstruo que quiere hallar su razón de ser en la circunferencia y no en el centro , encontrando el sentido de esa monotonía en el analisis personal del mundo que lo envuelve, que no termina ni aqui ni alla, ni mejor ni peor. Y una etiqueta pegada a la piel le hace la verosimil precaución: "Los ojos no miran para adentro, porque no hay ego que lo resista".
Por ello pensé en los dos, el motivo de querer, de organizar, de atraer su visita, el impulso de buscarla, de quererla simplemente. Y de no pasar por el absurdo de la inmadurez (mas no de la infancia). Viendo así y recordando por igual, imagenes, pálticas intensas, sospechosamente tiernas sobre el vientre, el regazo, el contorno materno, los colores calidos, la oscuridad portectora, la humedad envolvente y agradable...
Tal cual como me fui, volvi, en un segundo. Traido por persepción de los sentidos, ya que adverti una respiración que prefiero relacionar con el sonido del mar y de las olas, o del movimiento del agua en la arena, o el viento que hace el amor triangular con la tierra y el basto oceano. Persibí entonces su despertar, una exalación fuerte y delicada como un suspiro.
Abrió los ojos. Era ella, era yo, estábamos tan cerca, en el mismo lugar y en mundos tan distintos, a cada hemisferio polar de neptuno, mirando un eterno amanecer, o un interminable ocaso. Queriendose incorporar pero sin lograrlo o sin quererlo, me dijo:
-Oye! qué haces?
Interrumpí mi escritura para responderle y luego escribir sus palabras y mi respuesta:
-Estoy escribiendo, y tú? qué soñabas?
Con el encanto tan particular, tan único que tienen las mujeres cuando besan o en este caso, cuando salen de un sueño me contestó:
-Soñé que escribías.
1 comentario:
Mi fe se ata un poco y mi racionalidad aumenta lentamente, al pensar que todo lo que vives(escribes) sea una verdad indiscutible. ¿Comprendes?. Renacemos cada día y, a su paso, morimos en lentamente en la pérdida de nuestra inocencia.
Veo algo nuevo. Perspicaz. Audible a la sencillez y a la magia del mundo.
Una ella y un el, un ying y un yang. Un retrato de la otra cara.
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