Qué imponentes y solitarios son los árboles del cementerio de la Chacarita, sobretodo cuando el sol cae sobre ellos como un manto y yo paso a su lado, sentado, mirándoles por las ventanillas cautivado.
Suele ser que al pasar por allí sucedan cosas maravillosas. El otro día iban delante mío dos señoras hablando de su cabello y el de todas sus conocidas, por alguna extraña razón el propio siempre estaba por encima de los demás, también hablaban de revistas y chismes personales, al mismo tiempo un señor y sus dos hijas se dirigían a su hogar, compartiendo dos asientos, por lo cual la menor buscaba el regazo de su padre y era feliz. Entonces me preguntaba si es normal que ande fijándome en todo esto, imaginando mis hijos... A mi lado un tipo algo descuidado dormitaba profundamente, y su cuerpo en pequeñas ráfagas locomotivas, agarraba objetos imaginarios entre las manos mientras su cara (con los párpados cerrados) hacia gestos de aprobación y rechazo.
Mi interés y temor consistía en que fuese sonámbulo, ya que mi imaginación raya con la credulidad.
Así que mi amigo el sonámbulo... (¿Amigo?... Amigo; las pelotas...) Tenía la tentativa de bajarse, y me indicaba darle espacio golpeando mi pierna con su rodilla izquierda, ya que yo me encontraba de perfil al pasillo y miraba los grandes muros por los cristales del otro lado. ¿En este caso qué es aconsejable? Dicen que despertarlo solo hace que la persona se violente, pero no hay otra forma de que aterrice del sueño. Lavándome las manos del asunto, me aparté y dejé que se parara. Me impresionó de sobremanera la habilidad que tenía para conducirse normalmente en un vehículo en movimiento teniendo los ojos cerrados. Tal vez su sueño era la realidad, o en realidad yo era parte de su sueño, y siendo así cuando él se bajara terminaría mi virtual existencia.
Al inquietarme por tales pensamientos decidí advertir en voz alta a todos los pasajeros, (desde la chica que se ponía maquillaje en el último asiento hasta el chofer) de que a mi juicio, el señor que había tocado el timbre para bajarse estaba sonámbulo y por poco sigo diciendo mis hipótesis de lo que ocurriese si el se bajara en ese estado. (Todos moriríamos).
Los rostros de la gente eran evidementemente incrédulos, al punto de avergonzarme, ya que nadie se fijaba en los ojos del tipo, cualquiera diría que estaba allí despierto ignorándome simplemente, y ante esto reflexioné: "Si despertase, por más de que no baje del colectivo igual yo desaparecería". Acto seguido me dispuse a bajar con él en un impulso de prolongar mi vida. Entre tanto una abuela que escuchó y se intrigó un poco por mi algarabía, se acercó al tipo y le preguntó si era cierto lo que yo acababa de decir, y comprobó mis palabras, por lo que corrió torpemente hacia el conductor para que no abriese la puerta, pero ya era tarde, en vez de gritar decidió perder el tiempo de esta forma, cuando se dio cuenta yo ya estaba afuera de la linea 71 con el sujeto, y miraba la cara de terror de aquella anciana, apenas visible por el brillo de los vidrios, que desaparecían entre la calles, y ese pequeño mundo imaginario y pasajero se desvanecía en la distancia.
2 comentarios:
no dejes de soñarme, no ahora. aun hay cosas que en tus sueños no terminé de decir, no terminamos de jugar, la partida se quedó a la mitad, no terminamos de limpiar, nuestra morada intranquila está, y tu y yo no terminamos de soñar....tenemos que descanzar.
bonito mi calderon de la barca.
ahora, despues de casi un año, vuelvo a leerlo, y creo que hay muy poco que corregir y mucho qué mostrar, ojala no pierda esa chispa... y siga escribiendo.
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