domingo, 21 de septiembre de 2008

Día IX La mano sudada

Introducción

Con bríos me hallaba caminando, mirando de soslayo las paredes blancas. El mundo giraba no sé en qué sentido, mientras las iglesias cantaban sus repiques de campanas de adoraciones inútiles, y el olor a jazmín retornaba a los muertos. Caminaba con estas lánguidas raíces que soportan el gran peso de las ideas, de las miradas y las bocanadas de sentimientos que vienen en mil idiomas, todos esto resguardado tras los ojos y tras ellos el alma donde reposan, revotan, se inflan y explotan las ideas.

Estaba pues dirigiéndome por las estrechas y singulares calles del centro histórico, el sol declinaba bajo mis hombros mientras la luna tempranamente aparecía sobre mi cabeza. Ya se me hacia oler el aroma del café que se impregna a la ropa, a la piel y se escabulle por los poros hasta la sangre, (me resultaría más fácil expresarme si mi mano tuviera la misma velocidad que mi mente) que suele percibirse cuando se está a miles de kilómetros de Colombia, bueno al menos yo tengo, guardo y concibo esos recuerdos volcados en sensaciones, táctiles, vividas.

Y como es usual en Popayán, saludé tres veces a gente conocida (ya que no hay muchos lugares a donde ir, y porque si tuviera que saludar a toda la gente que veo todos los días en los mismos lugares me llevaría la vida en eso) pero al doblar la esquina del teatro, aquel de las musas "gristes" siempre esperando que el poeta resucite y las bese, dando vida a esas inardvertidas gargolas, me topé de frente con un ser de inexplicables atributos, situación singular, sobre todo para mí, un dios menor, pero dios a fin de cuentas. Acababa de presenciar la trasmutación de la hermosura en un laurel y sin temor mi corazón quedaría otra vez flechado.

El olor a tierra húmeda y pasto recién cortado me hizo virar hacia el reloj de sol, y el aroma de esta grácil musa me retornó la mirada y el corazón hacia la torre del reloj, entonces pensé que este paralelismo de la medición del tiempo también sugería la comparación de las tegnologías a través de él. Cuántas veces se detuvo mi palpito al llegar a esta esquina sin nombre y sin olvido. El sabor de los recuerdos hace más nostálgica mi epopeya, pues si fuesen amargos como los sorbos de este mate argentino, les esquiaría como el vampiro al sol, o la mariposa al vampiro.

Debo evitar la transfiguración de los hechos para que el lector no cree ideas inverosímiles de lo acontecido. Mi amor... por llamarlo de la manera más cursi, aunque reparo que el amor no figura en estos adjetivos, no puede ser cursilería. Tiene que tocar el alma como si el calor de un beso hechizara los labios y el lenguaje se redujera al roce revoltoso del idioma...

Me creerían si puedo sugerir para mi imagen a un millar de demonios luchado irreparablemente contra los ángeles. También debo asentir que los defectos superan por mucho a las cualidades, aclarando esto doy pie a esta historia.

La mano sudada

Recuerdo su silueta dibujarse por los pasillos del colegio, un típico patio rodeado de pilares y arcos, recuerdo su sonrisa (recientemente mía) saludar con esmero y respeto a sus conocidos, tratando de no equivocar nombres ni olvidarlos. Recuerdo igualmente nuestras primeras y fugaces pláticas, con la química implícita con que juegan las miradas. Y me conmueve infinitamente los propósitos que me hicieron hablarle; sugiero un concurso de poesía, al cual participé y el premio que recibí fue conocer el título de poema con el cual ella concursó, y que me dio un puente para tocar sus labios. Cabe recalcar que fue entonces su pasión y creatividad lo que me atrajo en primera instancia, luego como es común; fui descubriendo al desdoblar cada pliegue de su personalidad, o al menos lo que supongo que era, una cualidad más interesante que la anterior, pero esto no sirvió de nada al parecer, pues no se puede volver a amar a quien no lo quiso en su momento, al menos que se reemplace el pasado y aún exista la misma "piel".

Así que imaginar el resto es más fácil que llenar las hojas de tinta... más si unto, si lleno de tinta las ideas, la poesía que me enamoró de ella, estas paginas no serán naufragas en la desidia y el desamor, tal vez sean la llave que abra una nueva ilusión o cierre el capitulo.

"Su vos me encantaba, era un hechizo simplemente. La flauta que embruja a la serpiente, el elixir que excita al púlpito ( el perfume) y en trasfondo no era el color, no el tono, era esa misma pasión en sus letras, esa cúspide de llegar al tacto era... fantasía.

Y allí discutía irremediablemente. Como elegir la cara de una moneda ¿La fantasía cobra sentido, se disfruta y percibe hasta que se cumple, concluida así ya sin importancia, o es un despertar a la realidad lo que la aniquila, y es desventura que termine? Yo elijo la segunda aún, ella escogió la primera, y he aquí nuestra primera di similitud, pero mi intención no consiste en encontrar nuestras diferencias, solo cito esta por crucial... porque fue la que me separó de ella, ojala que entienda estas palabras algún día o inmediatamente las lea, yo sé que me aguarda su respuesta.

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